MAESTROS DE LA HUMANIDAD

Con esta transcripción, inicio una sección temática dentro del blog, orientada a compartir con ustedes enseñanzas de diferentes Maestros y Místicos cuya enseñanza me ha inspirado e inspira en mi búsqueda personal, y además reflejan aspectos claves relacionados con el enfoque particular que doy a mi ejercicio de  la terapia transpersonal.

Llamaremos a esta sección temática:   Maestros de la humanidad

Y comenzaremos con un fragmento de un capítulo del libro:

EL PROPÓSITO DE LA EDUCACION



Del maestro y místico Krishnamurti, el capítulo 24 que se titula:

La energía de la vida

Uno de nuestros problemas más difíciles es el de la llamada disciplina, y es realmente muy complejo. Vean, la sociedad considera que debe controlar o disciplinar al ciudadano, moldear su mente conforme a ciertos patrones religiosos, sociales, morales y económicos.

Ahora bien, ¿es en absoluto necesaria la disciplina? Por favor, escuchen cuidadosamente. No digan de inmediato “sí” o “no”. Casi todos sentimos, en especial cuando somos jóvenes, que no tiene que haber disciplina, que ha de permitírsenos hacer lo que nos plazca, y pensamos que eso es la libertad. Pero decir meramente que debemos o no debemos tener disciplina, que debemos ser libres, etc., tiene muy poco sentido sin la comprensión del problema total de la disciplina.

El atleta entusiasta se disciplina a sí mismo todo el tiempo, ¿verdad? La felicidad que siente en la práctica del deporte y la necesidad misma de mantener su estado físico le hace acostarse temprano, abstenerse de fumar, comer lo apropiado y, en general, observar las reglas de una buena salud. Su disciplina no es una imposición ni un conflicto, sino el resultado natural del gozo que le produce el atletismo.

Pues bien, la disciplina, ¿aumenta o disminuye la energía humana? En todo el mundo, los seres humanos de cualquier religión, escuela o filosofa, imponen disciplinas a la mente, lo cual implica control, resistencia, amoldamiento, represión. Y, ¿es necesario todo eso? Si la disciplina produce un mayor rendimiento de la energía humana, entonces es valiosa, tiene sentido; pero si meramente reprime la energía humana es muy dañina, destructiva. Todos tenemos energía, y la cuestión es si esa energía, a través de la disciplina, puede hacerse vital, rica y abundante, o si la disciplina destruye toda la energía que tenemos. Pienso que éste es el problema fundamental.

Muchos seres humanos no tenemos una gran energía, y la poca energía de que disponemos pronto queda sofocada, destruida por los controles, las amenazas y las prohibiciones de nuestra sociedad particular con su llamada educación; por lo tanto, nos volvemos imitadores, insulsos ciudadanos de esa sociedad. Y si un individuo tiene al comienzo un poco más de energía, ¿se incrementa esa energía con la disciplina? ¿La existencia de ese individuo se vuelve más rica y plena de vitalidad?

Cuando ustedes son muy jóvenes, como lo son, están llenos de energía, ¿no es así? Quieren jugar, correr por todas partes, charlar; no pueden estar quietos, están llenos de vida. ¿Qué ocurre después? A medida que van creciendo, sus maestros comienzan a coartar esa energía moldeándola, introduciéndola en diversos patrones; y cuando al fin se convierten en hombres y mujeres, la poca energía que les han dejado pronto es sofocada por la sociedad, que les dice que tienen que ser muy buenos ciudadanos, que deben comportarse de una determinada manera. A causa de la llamada educación y de la compulsión social, esta abundante energía que tienen cuando son jóvenes, se destruye gradualmente.

Ahora bien, ¿puede la energía de que hoy disponen vitalizarse mediante la disciplina? Si sólo tienen poca energía, ¿puede la disciplina incrementarla?

Si puede hacerlo, entonces tiene un sentido; pero si la disciplina destruye realmente nuestra energía, entonces es obvio que debe ser descartada.

¿Qué es la energía que todos tenemos? Esta energía es el pensar, el sentir; es el interés, el entusiasmo, la codicia, la pasión, la lujuria, la ambición, el odio. Pintar cuadros, inventar máquinas, construir puentes, hacer caminos, cultivar los campos, practicar deportes, escribir poemas, cantar, bailar, ir al templo, adorar  todas estas son expresiones de la energía; y la energía crea también ilusión, daño, desdicha. Las más excelentes y las más destructivas cualidades son igualmente expresiones de la energía humana. Pero ya lo ven, el proceso de controlar o disciplinar esta energía, de permitirle que opere en una dirección y limitarla en otra, se vuelve una mera conveniencia social; la mente es moldeada de acuerdo con el patrón de una cultura particular y, en consecuencia, su energía se disipa gradualmente.

Por lo tanto, nuestro problema es si esta energía que todos poseemos en mayor o menor grado, puede ser incrementada, si puede dársele mayor vitalidad; y en tal caso, ¿para hacer qué? ¿Para qué es la energía? ¿Es el propósito de la energía hacer la guerra? ¿Es el de inventar aviones y otras innumerables máquinas, seguir a algún gurú, aprobar exámenes, tener hijos, preocuparnos interminablemente sobre este y aquel problema? ¿O la energía puede usarse de un modo diferente, a fin de que todas nuestras actividades tengan un significado en relación con algo que trasciende todo eso? Por cierto, si la mente humana, que es capaz de desarrollar una energía tan asombrosa, no está buscando la realidad, no busca a Dios, entonces todas las expresiones de su energía se vuelven medios de destrucción y desdicha. Para buscar la realidad se requiere una energía inmensa; y, si el hombre no está haciendo eso, disipa su energía en comportamientos que perjudican a la sociedad y, por lo tanto, la sociedad tiene que controlarlo. Ahora bien, ¿es posible liberar la energía en la búsqueda de Dios o de la verdad y, en el proceso de descubrir lo verdadero, ser un ciudadano que comprende las cuestiones fundamentales de la vida y a quien la sociedad no puede destruir? ¿Están siguiendo esto o es algo demasiado complejo?

Vean, el hombre es energía, y si el hombre no busca la verdad esta energía se vuelve destructiva; por lo tanto, la sociedad controla y moldea al individuo, lo cual sofoca esta energía. Eso es lo que ha sucedido con la mayoría de la gente adulta en todo el mundo. Y tal vez hayan ustedes advertido otro hecho muy simple e interesante: que tan pronto quieren realmente hacer algo, tienen la energía para hacerlo. ¿Qué ocurre cuando están ansiosos por participar en un juega? Inmediatamente tienen la energía, ¿no es así? Y la propia energía que tienen se vuelve el medio de que esa energía se controle a sí misma, de modo que no necesitan de ninguna disciplina externa. En la búsqueda de la realidad, la energía crea su propia disciplina. El hombre que espontáneamente busca la realidad, se convierte en la correcta clase de ciudadano, la cual no responde al patrón de ninguna sociedad ni gobierno en particular.

Por consiguiente, tanto los estudiantes como los maestros tienen que trabajar juntos para producir la liberación de esta tremenda energía, y así poder encontrar la realidad o la verdad, encontrar a Dios. En la misma búsqueda de la verdad habrá disciplina, y entonces existirá un verdadero ser humano, un individuo completo, y no meramente un hindú o un parsi limitado por su particular sociedad y cultura. Si, en vez de coartar esta energía como ahora lo hace, la escuela puede ayudar al estudiante a despertar su energía en la búsqueda de la verdad, entonces descubrirán ustedes que la disciplina tiene un significado por completo diferente.

¿Por qué en la casa, en la clase y en el hospedaje donde se alojan, a ustedes siempre les dicen lo que tienen y no tienen que hacer? Ciertamente, es porque sus padres y sus maestros, como el resto de la sociedad, no han percibido que el hombre existe para un único propósito, que es el de encontrar la realidad, encontrar a Dios. Si tan siquiera un pequeño grupo de educadores comprendiera esta búsqueda y le dedicara su atención completa, crearía una nueva clase de educación y una sociedad por completo diferente.

¿No advierten ustedes qué poca energía tienen casi todas las personas que los rodean, incluyendo sus padres y sus maestros? Están muriendo lentamente, aun cuando sus cuerpos no hayan envejecido todavía. ¿Por qué? Porque han sido sometidos por la sociedad. Vean, sin comprender su propósito fundamental, que es el de liberar la extraordinaria cosa llamada mente  con su capacidad de crear submarinos atómicos y aviones a reacción, de escribir la más maravillosa poesía y prosa, de hacer del mundo algo tan bello y también de destruirlo- sin comprender su propósito fundamental que es el de encontrar la verdad, encontrar a Dios, esta energía se vuelve destructiva; y entonces la sociedad dice: “Tenemos que moldear y controlar la energía del individuo”.

Me parece, pues, que el propósito de la educación es el de liberar la energía en la búsqueda de la bondad, de la verdad, de Dios, búsqueda que a su vez hace del individuo un verdadero ser humano y, por lo tanto, la clase correcta de ciudadano. Pero sin la comprensión de todo esto, la mera disciplina no tiene sentido, es una cosa de lo más destructiva. A menos que cada uno de ustedes reciba una educación tal que, cuando deje la escuela y penetre en el mundo, esté lleno de vitalidad e inteligencia, lleno de una energía tan rica que le permita descubrir aquello que es verdadero, será meramente absorbido por la sociedad; será sofocado, destruido, y se convertirá en un ser humano miserablemente infeliz por el resto de su vida. Como un río crea las márgenes que lo contienen, así la energía que busca la verdad crea su propia disciplina sin ninguna forma de imposición; y tal como el río encuentra el mar, así esa energía encuentra su propia libertad.

 

Interlocutor: ¿Por qué los ingleses llegaron a gobernar la India?

 

KRISHNAMURTI: Vea, los pueblos que tienen mas energía, más vitalidad, más capacidad, más espirito, traen tanto miseria como bienestar a sus vecinos con menos energía. En un tiempo, la India se expandió por toda el Asia; su pueblo estaba lleno de fervor creativo, y trajo la religión a China, al Japón, a Indonesia, a Burma. Otras naciones eran comerciales, lo cual también puede haber sido necesario y asimismo tenía sus desdichas, pero ésa es la vida. La parte extraña de esto es que aquellos que están buscando la verdad, que buscan a Dios, son mucho más explosivos, liberan una energía extraordinaria, no sólo en sí mismos sino en otros; y son ellos los verdaderos revolucionarios, no los comunistas, los socialistas, o los meros reformadores. Los conquistadores y los gobernantes vienen y van, pero el problema humano es siempre el mismo: todos queremos dominar, someter o resistir; pero el hombre que busca la verdad está libre de todas las sociedades y de todas las culturas…

 

(El capítulo continua con más preguntas y respuestas…)

                                                                             Oscar Rodolfo Ramos

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